Ubi societas, ibi ius: donde hay sociedad hay derecho

Una máxima señalada por los clásicos decía “ubi societas, ibi ius”: donde hay sociedad hay derecho. La aspiración de la sociedad a darle a cada quien lo que le corresponde, se ha mantenido a lo largo de la historia.

El orden jurídico permite que exista orden en la sociedad. Para lograrlo, se requiere de la legalidad, que implica el ejercicio del poder nazca de las leyes y se ejerza dentro de un marco legal. De lo contrario, el poder se convierte en instrumento de injusticia y quien lo ejerce se vuelve un tirano.

Como principio jurídico, la legalidad se remonta al ideal griego de la igualdad ante la ley, por el que los ciudadanos gozaban de los mismos derechos legales. Este concepto se enriqueció con la doctrina romana de gobernar de acuerdo a la ley. “Dura lex sed lex”: La ley es dura, pero es la ley. En nuestro tiempo, cuando la sociedad y gobernantes respetan y hacen respetar las leyes, se vive en un "estado de derecho".

La legalidad tiene tres dimensiones:

  1. La relación entre la ley y el gobernante. Se entiende que quien ejerce el poder no puede estar exento del dominio de la ley.
  2. La relación entre el gobernante y los gobernados, que implica que los gobernantes deben ejercer el poder mediante leyes, o sea normas válidas para todos y solo excepcionalmente mediante decretos o resoluciones particulares.
  3. La aplicación de la ley a los casos particulares, los jueces deben sentenciar, no según su criterio personal sino de acuerdo a las prescripciones legales y conforme al principio: "no hay crimen ni pena sin ley anterior al hecho".

Benedicto XVI afirmó que "los desafíos actuales son múltiples y complejos. Será posible vencerlos sólo en la medida en que se refuerce la conciencia de que el destino de cada uno está ligado al de todos. Por eso, la acogida, la solidaridad y la legalidad son valores fundamentales"

El ser humano vive en sociedad y no puede desarrollarse fuera de ella, sin embargo, una sociedad en la que no se respete la ley y los derechos de los gobernados está en contra del hombre mismo. La vivencia de la legalidad tiene que ser un ejercicio voluntario de cada persona, hacerlo de otra manera estaría fuera de su propia naturaleza.

El mismo Papa Emérito, comentó "es necesario promover una cultura de la legalidad, ayudando a los ciudadanos a comprender que las leyes sirven para canalizar las muchas energías positivas presentes en la sociedad y permitir así la promoción del bien común". El respeto de la ley tiene que ser promovido por el Estado y la familia. Uno no puede amar o respetar lo que no conoce.

El ejercicio de la legalidad, depende del gobierno. "A las instituciones les está confiada la tarea de, además de ser ejemplares en el respeto a las leyes, de emanar leyes justas y equitativas, que tengan también en cuenta la ley que Dios ha escrito en el corazón del hombre y que puede ser conocida por todos mediante la razón". Si bien es cierto que la ley nos es impuesta de manera exógena, eso no quiere decir que no la podamos aceptar como propia, si es que está acorde a la naturaleza humana y a la ley natural.

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