Legalidad y nueva cultura laboral

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Discurso pronunciado por el Secretario del Trabajo, Lic. Carlos María Abascal con motivo de la Confencia de juntas de Conciliacion y Arbitraje realizada el 7 de abril de 2005

Los objetivos que perseguimos son principalmente dos: Es muy importante que compartamos las mejores prácticas y es fundamental que la justicia laboral en México tenga criterios jurisdiccionales comunes en la interpretación de la ley.

El Presidente Fox está convencido de que es clave para México elevar su competitividad, la cual tiene que ver, entre otros temas, con la certeza jurídica, la transparencia, la igualdad de todos frente a la ley.

El Estado de Derecho es particularmente importante en el ámbito laboral, pues, por la dinámica misma de las relaciones entre trabajadores y empleadores, es necesario estar impulsando el diálogo social y la conciliación entre las partes y, en su caso, arbitrando las diferencias con equidad y justicia.

La Nueva Cultura Laboral se ha convertido así en un eje central de la competitividad de nuestro país. El equilibrio entre los factores de la producción no es una precaria ausencia de conflicto que amenaza a cada paso con estallar; ese equilibrio es paz, armonía, corresponsabilidad, participación entre trabajadores y empresarios, conscientes ambos de que el origen, el motor y el fin de la actividad económica es la persona humana, revestida de una dignidad única e irrepetible, por lo que el trabajo no es mercancía sino expresión de la riquísima subjetividad personal, camino de realización plena, servicio a la comunidad y medio para elevar el bienestar de las personas.

Por eso la armonía entre los factores de la producción es un factor de productividad de competitividad y de justicia social en las empresas, cuando éstas se reconocen así mismas y se organizan como comunidades humanas productivas, en las que el éxito de ese grupo humano tiene que ser, por definición, compartido, corresponsablemente, justo.

La única manera de resolver de manera sostenible los problemas de miseria, pobreza, marginación es creando los empleos dignos, bien remunerados que el país necesita. Para crear esos empleos necesitamos atraer muchas inversiones estables; para atraerlas, necesitamos, entre otras cosas, un clima laboral de paz, orden, entendimiento y justicia.

Las Juntas de Conciliación y Arbitraje están llamadas a hacer, pues, una insustituible contribución a la justicia social, pues no sólo deben resolver como tribunales de conciencia y buena fe guardada los conflictos individuales y colectivos que se les plantean, sino que tienen el deber de asegurarse de que generan el entorno laboral necesario para favorecer la inversión y empleo.

Porque lo que traemos entre manos es tan importante, nada menos que el bienser y el bienestar de las personas y de las familias, hay conductas que debemos desterrar para siempre de nuestras juntas: El tráfico de influencias, la negligencia, la parcialidad, la corrupción económica, la injusticia, la opacidad; en cambio hay conductas que siempre deberemos estimular: la transparencia, la diligencia, la laboriosidad, la equidad, la justicia, la honestidad a toda prueba.

También tenemos el reto de contribuir a construir una nueva cultura de la legalidad.

Carneluti decía que “La ley es una sentencia anticipada”. Montesquien afirmaba que “La ley debe ser como la muerte que no exceptúa a nadie”. La legalidad es la antitesis de la ilegalidad, de la discrecionalidad y de la corrupción, por lo que es un instrumento clave para edificar la armonía social y el desarrollo con justicia.

Pero es todavía más importante el Derecho, entendido como “lo recto, según la medida de lo justo”, lo que nos conduce de la manera más directa a construir las relaciones entre las personas de manera armónica, pues el derecho pertenece al orden relacional. Lo recto proviene de la idea de bien, de aquello que perfecciona a las personas y a la sociedad, según su propia naturaleza, y que hace posible la construcción del bien individual y del bien común. Para que la ley cumpla su cometido, tiene que ser la expresión del Derecho natural, tanto en su formulación como en su interpretación. Por eso el Derecho reclama, para su eficacia, Mentes y Corazones rectos y justos. Por eso, siendo muy importante la legalidad, no es suficiente.

Gracias al Derecho, la vida social deja de ser una mera coexistencia para convertirse en convivencia en la que la medida de lo justo nos atañe a todos, pues si las personas queremos vivir en armonía necesitamos desarrollar la voluntad firme, decidida y permanente de dar a cada quién lo suyo.

También la solidaridad forma parte del orden natural escrito en el corazón y en la mente de todas las personas, por lo que aunque es fundamental respetar el derecho ajeno, es necesario hacernos cargo de que el derecho ajeno es responsabilidad de los demás, así como los demás son corresponsables del derecho individual.

Y también afirmo que es muy importante el Estado de Derecho, porque el Derecho y la política desde los griegos han ido de la mano siempre en occidente, por lo que la forma ideal de lo político es el Estado de Derecho, al que algunos describen como el Gobierno bajo el imperio de la ley; a todos nos repugna que el derecho sea reducido a mero instrumento de la política, mejor dicho, de los políticos. Tomás Hobbes, con su “dictum”, la máxima “auctoritas non veritas facit legem” identificó autoridad y poder, “auctoritas” y “potestas” y prescindió del pueblo, verdadero propietario del Derecho, entendido el pueblo como una realidad natural, cuya unidad analítica es la familia, cuya unidad sustancial, a su vez, es la persona.

Estoy seguro de que todos compartimos el compromiso con la justicia, el derecho y la legalidad.

Es tiempo hoy de relanzar a las Juntas de Conciliación y Arbitraje en todo el país, en un esfuerzo compartido entre los estados y la federación.

Hago votos porque esta reunión, que será, estoy seguro, la primera de muchas, rinda muchos frutos por el bien de las personas y sus familias, por el bien de México.

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